Tomás Rocaman: “De Biguá extraño hasta charlar con el casero”

 

En una nueva edición de #BiguensesPorElMundo charlamos con Tomás Rocaman, que hoy milita en el Club Deportivo Aparejadores Rugby de Burgos. Entre mate y mate, el medio scrum analiza su presente en España y recuerda con nostalgia aquellos días en el Club.

“Perdón por la tardanza, ahora me pongo con el mate y respondo las preguntas”. El audio goza de la nitidez de ese acento tan argento, inconfundible, que llega desde el otro lado del Océano Atlántico. El mate, siempre acompaña, en Mar del Plata o en Burgos. Tomás Rocaman, nuestro entrevistado, se mueve entre España y Argentina, pero se identifica con una sola bandera: la “Tricolor” de Biguá. Y eso se nota.

“Estoy muy contento con el desempeño de esta Temporada. Es una categoría nueva de la que se hablaba mucho, y me ha tocado hacer buenos partidos. Con un rol nuevo, este año, ya que me toca entrar de suplente, aunque jugué, 4 o 5 partidos de titular. El equipo está jugando bien, entonces a uno se le hacen las cosas más fáciles”, cuenta Tomi, para introducirnos en lo que es este año con el equipo Bugalés. “En este momento estamos en la mitad de la segunda vuelta, van 16 partidos, y estamos quintos en la tabla. De terminar así el torneo, entramos entre los primeros 6 e iríamos a jugar los Playoffs de cuartos de final”, agrega el medio scrum, para dar un panorama completo.

Los años jugando en tierras españolas le da la autoridad para referirse a lo que es el deporte por esos lares. “El rugby Español es muy sistemático, muy de manual. Creo que el nivel está creciendo,  principalmente, por los jugadores que vienen del exterior, mucho sudafricano, mucho neozelandés, mucho argentino, por supuesto, y la verdad que eso, en los últimos años que estoy acá, hizo que el nivel creciera muchísimo”.

                 Con Nico Bianco no hay clásico: Tomás mantiene una gran relación con el ex Pueyrredón. 

Ser profesional para Rocaman tiene su lado A: “lo bueno que tiene el profesionalismo es qué el Club piensa un montón en el jugador. Acostumbrado a que en Argentina uno tiene que entrenar, estudiar y trabajar, acá el Club te da todo. Al que viene de afuera y al de casa también. Que gimnasio gratis, que vestimenta, que transporte, entonces eso está bueno y te hace mucho más fácil el entrenamiento y el dedicarte a esto”, y su cara menos amable: “lo malo del profesionalismo es que algunos Clubes un poco pierden la esencia con la que nos criamos nosotros allá, esa cultura de Rugby un poco se pierde. Se piensa más en el resultado y en que el Club progrese qué en apuntalar un poco más la cantera”.

Ya afincado como un miembro más de la comunidad de extranjeros en España, los primeros tiempos fueron medios convulsionados para Tomás que apunta que “el cambio de Mar del Plata acá fue bastante brusco. Realmente no era algo que tenía planeado venir a jugar al Rugby a Europa, fue un poco de un día para el otro que se me dio” y recordó que “la adaptación fue buenísima. Tuve la suerte de llegar y vivir con Santi, uno de mis mejores amigos de toda la vida, y eso me lo hizo más fácil. Además, venía a hacer lo que más me gusta, y eso te facilita las cosas. También llegué a Cáceres, una ciudad y un Club muy hospitalario, entonces fue automáticamente llegar y sentirme cómo en casa”.

En la Península Ibérica, el Rugby está creciendo, y con él, sus jugadores. El ex Biguá pone el foco sobre el jugador de aquel país y destaca que “el rugbier español con respecto al argentino creo que le falta esa garra que nos caracteriza a nosotros. No sé, esa pasión, diría que nosotros ‘sentimos más la camiseta’. El Rugby acá en España está creciendo, los clubes están aprendiendo, se está ‘mamando’ un poco la cultura, es un deporte en desarrollo, sobre todo en los últimos años, y eso va formando al jugador”.

“Respecto al juego, ahora la División de Honor tiene un buen nivel. No sé si cómo la URBA, pero es un lindo torneo”, resalta. Y agrega que “ya si te vas a categorías un poco más inferiores, te encontrás con muchos jugadores que están aprendiendo, o que han aprendido en un rugby más antiguo, y se nota bastante la diferencia de nivel con Argentina. Un juego más cerrado, con pocas fases, muchos errores. Creo que son pocos los equipos que te pueden hacer muchas fases seguidas o te salen jugando desde atrás, sobre todo en las categorías inferiores o en categorías más regionales”. Más allá de estos pormenores, destaca el potencial de España y su juego: “es un rugby que está en mucho crecimiento. España tiene todo para crecer un montón, desde infraestructura, la gente, el tamaño del país, y estoy seguro que dentro de unos años va a subir muchísimo el nivel.

Desde el Tomás Rocaman recién llegado a Cáceres a este afincado ya hace unos años en Burgos pasó un tiempo en el cual su rol dentro de la institución cambió. “La verdad que van pasando los años  y somos un grupo de 6 jugadores que estamos ya hace 3 temporadas y nos fuimos convirtiendo un poco en referentes del equipo”, apunta. “Uno es el capitán, otros somos subcapitanes, y quieras o no te sentís un referente. Un poco parecido a los últimos años en la Primera de Biguá. También un poco por la edad, y porque es un plantel muy joven, y por los años acá en Burgos, hoy toca a ser un poco referente del equipo, para ayudar a los más chicos y al equipo. También siento que estoy en casa, creo que me he ganado el respeto de mis compañeros, de los directivos y de la hincha que tenemos, asique estoy muy contento con el rol que me está tocando esta temporada, es divertido”.

Llegar a un nuevo país siempre es difícil, pero en el rugby español es moneda corriente. Para Tomás “no me condiciona ser de otro país. Me toca estar en un equipo que el 80% del Plantel es de afuera, y los jugadores de la casa te tratan de igual a igual y están muy acostumbrados. También somos un montón de argentinos. Creo que lo qué más condiciona a la hora de ser referente es todos los años que estas en el Club. Quieras o no, venir de un país con tanta cultura de Rugby como el nuestro hace que los demás aprendan de esas experiencias y las valoren bastante”.

                              Con la camiseta de Biguá, festejando con Ezequiel Montes de Oca

Siempre es hoy, pero para Rocaman, el pasado está muy presente. Nuestro Club está muy presente a la hora de ponerse nostálgico. “Es muy difícil elegir algo que extrañe de Biguá. Pero, obviamente, ponerme la camiseta y entrar ahí por la Cancha 1, ese túnel que hacíamos en el vestuario antes de salir a la Cancha, es lo que más extraño”. Y agrega que “igual se extraña todo, las tocatas con los veteranos, los entrenamientos, los jueves que nos quedábamos en el quincho, los terceros tiempos, todo, tenía tantas horas en el Club que extraño todo, hasta charlar con el casero”.

Si tiene que elegir un momento que se quedó indeleble en su memoria, Tomás no duda “Si tengo que marcar un hecho importante en el club, aunque fueron muchos los que me tocaron vivir en el Club, pero ya jugando en primera el partido ese que perdimos contra Universitario, jugando el Reclasificatorio, que teníamos que ganar para quedarnos en primera y lo perdimos un poco injustamente contra un equipo durísimo como ‘Uni’. Eso es algo que me quedó muy marcado en mi paso por la primera. Al año siguiente ascendimos y fue un premio para ese equipo que la había pasado tan mal ese día. Pero me acuerdo cómo se movilizó el Club, se había acercado mucha gente a Universitario y eso me quedó muy grabado”.

                             Con Biguá, también se lució en el Seven de Sporting.

Biguá vive tiempos de cambio y el jugador que también ha lucido la camiseta “Tricolor” número 10 resalta que “a la distancia veo al Club hermoso, te juro que me dan ganas de volver. Hace 3 años que no voy y Biguá había cambiado un montón, se había puesto muy lindo, se había cambiado el Buffet, el quincho, habían hecho un montón de cosas nuevas. Y en estos años que pasaron, desde lejos veo que hay muchas más gente laburando para la institución, mis amigos me cuentan que se está haciendo mucho, y me pone muy feliz. Hoy con las redes sociales uno está muy al día con lo que va pasando y me pone muy contento. Me pone feliz y me dan ganas de volver para ver todo, las ideas nuevas, lo del predio nuevo, ver cómo está el club, ver ese crecimiento que desde afuera se ve muy lindo y hermoso verlo desde cerca y vivirlo un poco”.

Una vida entera en el Club se construye desde los primeros años de vida, y aunque según Rocaman “no tengo muchos recuerdos muy nítidos de cuando empecé”, recuerda que “arranqué muy de chico, a los 5 años ya acompañaba a mi hermano y a los 6 estaba yendo con un amigo qué el padre era entrenador, el “Pitu” y Eduardo Torterolo. Digamos que llegué al Club por mi hermano, que llegó por mi primo y después se enganchó toda la familia”. Y agrega que “Si lo que más me acuerdo es los viajes que hacíamos con los infantiles una vez al año, eso sí me quedó muy marcado. Y si tengo que nombrar a algún entrenador, lo que hicieron Eduardo y Eduardito Devoto formaron un grupo que al día de hoy tengo amigos de esa época, que al día de hoy después de 20 años seguimos siendo mejores amigos y eso es hermoso”.

“Biguá en mi vida es mi segunda familia, mi segunda casa. Creo que tengo más horas en el Club que en mi casa”, apunta Tomás Rocaman, “mis mejores amigos son de ahí. Los mejores referentes de mi vida, además de mis padres, son entrenadores y capitanes que tuve en el Club. Te diría qué Biguá para mi es casi todo. Tengo muchos recuerdos, muchas experiencias vividas. Es mi segundo hogar”. Sin dudas, la distancia no cambia su escala de valores, entre mate y mate, Biguá siempre está presente y es la camiseta más importante de su vida.