Sebastián Damiani: “A Biguá lo llevo conmigo a todos lados”

#BiguensesPorElMundo, nuestra sección que repasa el presente de ex jugadores de la institución, llegó hasta Italia para charlar con Sebastián Damiani. Ya retirado y dedicado a ser entrenador en Lecco, nos contó cómo se gestó su carrera en Europa y, también, cómo comenzó su idilio con Biguá.

La región de Lombardía es una de las veinte que conforma la República Italiana. Milán es su ciudad más poblada y uno de los símbolos del país, por su moda y su historia futbolística, y uno de los puntos turísticos favoritos de quienes visitan aquel territorio. A unos 60 kilómetros al norte de allí, se encuentra la ciudad de Lecco, casa de Sebastián Damiani.

El Centro con pasado en Biguá, comienza a contar su historia con la ovalada, justamente, desde aquel comienzo teñido de azul, rojo y blanco. “Al club llegué gracias a un compañero mío que se llama Ariel Chorro, el hermano de Diego Chorro, qué jugaba ahí en Biguá. Un día nos dijo de ir a probar, no me acuerdo si teníamos 6, 7 años, éramos chicos. Y así empezó todo. Mi primer entrenador fue Rolando Molinari, que estaba con Eduardo Sebastián, con Bruza, todos los viejitos que están por ahí todavía. Ellos fueron mis primeros entrenadores”.

Como todo buen Biguense reconoce que “los sábados en el club eran religión: entrenar a la mañana a las 10, quedarme al mediodía a comer ahí en el buffet milanesas con papa fritas y quedarme para ver si podía enganchar la intermedia, la pre intermedia y la primera y dedicarme a estar todo el día en el club. La pasábamos bárbaro. Y de vez en cuando jugábamos a otras cosas, jugamos con el verano a la tocata, hacíamos otras cosas pero siempre, vida en el club. Te diría que mi viejo me llevaba a las 10 y me iba a buscar a las 7 de la tarde”.

El año 1998 fue un punto de quiebre para Damiani, qué empezó a allanar la autopista que lo llevaría hacia su aventura europea. “En el 98 yo estaba estudiando educación física en Mar del Plata y estaba jugando el Campeonato Juvenil con el Trébol. Yo tenía un amigo, Luís Otaño, que se iba a Italia porque un veedor nos había visto en ese Torneo. Él ya lo conocía entonces me lo presentó a mí, pero decidí quedarme a terminar la carrera, para después irme a probar suerte allá con el título en mano”. Pero el inicio del nuevo Milenio, lo vería desembarcando en Italia, “en el 2000 terminé yendo a jugar acá, a Lecco, que en ese momento jugaba en la Serie C. Después de 2 años acá, quise jugar en lo más alto y di un salto de dos categorías, pase al Top Ten, y me puse la camiseta del Gran Parma. Jugué en un gran nivel, con jugadores internacionales, jugué muchos años con Lisandro Arbizu, jugué con Lucas Ostiglia, pude jugar Copa Europa, fui seleccionado por Italia A para jugar dos amistosos con Tonga, fue una gran experiencia. Después pase al Crociati Rugby Club, también de Parma, en donde llegamos a dos finales y las perdimos. En total, pasé cómo 12 años en la misma ciudad junto a mi familia y jugando a un gran nivel”.

Su periplo Italiano lo llevó por muchos caminos, pero Lecco es su lugar: “estaba jugando en un nivel muy profesional, y después de mucho tiempo decidimos con mi mujer volver a Lecco. Había nacido mi hijo Blas en Parma, y con mi mujer Mariana, que es de Lobería, decidimos pegar la vuelta para priorizar estar más tranquilos, más allá qué el nivel del Rugby era un poco más bajo. Jugué en Serie B hasta qué me retiré y ahora sigo ligado al Club como entrenador”.

Su palmarés resaltará varios puntos altos de su carrera, pero para él “haber jugado la Copa de Europa contra equipos espectaculares como Stade Français, Saracens, Harlequins, el Pau, todos equipos de elite fue el punto más alto de mi carrera. Acá en Italia, en ese momento, el nivel del Top 10 era muy bueno, la verdad que aprendí muchísimo de varios entrenador con culturas rugbísticas distintas” y destaca un momento con ADN cien por ciento Biguá: “Jugué en contra de Nahuel Tetaz Chaparro cuando él estaba en el Stade, y fue un orgullo haber compartido cancha con un referente del Club, fue un momento muy lindo”. La otra cara de la moneda, la menos simpática la vivió cuando “me lesioné en la rodilla que me marginó una convocatoria con la Selección absoluta de Italia, que iba a hacer una serie de Test Matchs en julio. Ese, sin dudas, fue el momento más duro de mi carrera”.

Los años de antigüedad en el Rugby italiano le dan la sapiencia suficiente para explicarlo como si fuera la palma de su mano. “El campeonato italiano es raro. Es duro, se juega muy físico, y el jugador italiano se divierte mucho con la pelota en la mano, no tanto cuando tiene que tacklear o poner el cuerpo. Después, históricamente el nivel es muy bueno, están muy preparados, están creciendo mucho. Llegar al seleccionado es difícil, pero ellos tienen muchos jugadores llegando desde las academias. Se está trabajando muy bien ahí, en las bases, tienen buenos resultados en M18 y M20 y creo que, a la larga, todo ese trabajo va a dar sus frutos en el Seleccionado”.

Son 11,357 kilómetros lo que separan a Mar del Plata de Italia. Para Sebastían Damiani, las distancias se medían en sentimientos y la adaptación a un nuevo rugby fue un tema con buenos y malos momentos. “Pasar de Mar del Plata a Italia fue muy duro. Cuando llegué era más rústico el juego, y era más lento. Fue difícil, me costó un poco adaptarme a eso, pero bueno, lo logré. Mi objetivo fue mostrarles que había otras cosas que se podían hacer, empezamos a hacer un juego más abierto, más a la mano, y ellos lo tomaron muy bien y se entusiasmaron. El profesionalismo es muy duro, es impactante, pero fue un cambio muy bueno. Pasé de estudiar, laburar y entrenar, a tener tres entrenamientos al día. Es un cambio que se dio mes a mes, ellos me dieron una mano y fue más fácil.”

Biguá siempre se cuela en la conversación, al igual que alguna que otra palabra en italiano, idioma qué maneja con la misma fluidez que el español. El salto de Parque Camet a Lecco fue el del amateurismo al profesionalismo, y él destaca que “La diferencia entre un club cómo Biguá y uno de Italia parte desde lo social. Acá te exigen resultados, entonces el jugador sabe que hay momentos para el esparcimiento, pero cuando se entrena se entrena muy duro porque el domingo se le exige mucho el resultado. Es mucha presión, cómo en todos lados. A nivel estructura la diferencia es muy grande, hay material, desde pelotas hasta lo que se te ocurra, hay computadoras en donde te bajan tu partido y te lo cortan y te lo dan para que lo mires, las canchas son distintas, pero son pequeñas diferencias que te hacen crecer. Ojo, también acá hay gente que empuja el crecimiento de los clubes, cómo allá, y todavía conservo ese sentido de humildad y de cuidar las cosas que me enseñó Biguá: acá valoro y cuido el club cómo si fuera mío. Todos esos valores los obtuve de los grandes entrenadores que tuve en el Club y que socialmente me bajaron esos lineamientos para mi vida”.

Seba Damiani se siente Biguense, por eso el club siempre está presente en la conversación. Reconoce que “de Mar del Plata extraño todo, se extraña mucho. Tengo a mis viejos allá, Mari y Chiche, tengo a mis amigos de la camada 76, la 75, te los puedo nombrar a todos, la bien que la pasó con los veteranos de Biguá y como me río cada vez que voy y me junto con ellos, y seguramente cuando esté allá en junio jugaré un rato con ellos porque la paso muy bien. También se extraña el mar, acá tengo un lago hermoso, no me puedo quejar, pero no hay nada como la costa en verano. Y también extraño las comidas, la milanesa a la napolitana de mi mamá y los asados de mi papá”.

Al día de hoy es fácil estar en contacto con Biguá, y resalta qué “al club lo veo bien, estructuralmente ha crecido bastante. No me olvido nunca de que es un club muy humilde hecho por gente, todo a pulmón, y bueno, yo cuando voy trato de entrenar, me meto a entrenar con ellos, les doy una mano con cualquier división, tengo muy buena onda con todos los entrenadores. Yo la verdad que al club en todos lados lo llevo conmigo, nunca me voy a olvidar de mi club. Trato de llevar a mi familia, a mi hijo que va de vez en cuando, lo llevo, lo hago ver para que conozca, para que vea otras realidades, que es muy importante. Porque uno capaz que mira acá y dice ‘uh que lindo todo’, pero después cuando va a allá dice ‘uh, y esto que es?’ Y bueno, para demostrar que se puede crecer también, teniendo lo que uno tiene.” Además, destaca qué “cada vez que voy al club, siempre lo hago, trato de dar una mano. Llevo desde pelotas, ropa, botines, llevo de todo al club porque la verdad que yo sé que el Biguá necesita de eso, y necesita que toda la gente que está afuera de una mano, no solamente que se acuerden cuando vienen a comer un asado. Siempre pensé que si nos fue bien afuera yéndonos, creo que hay que darle una mano siempre al club porque las raíces nunca hay que olvidarlas. Así que yo siempre trato de que todos los chicos que se van afuera, yo a veces los puedo ver por acá por Europa, los incentivo a darle algo. Un bolso de ropa, botines, pelotas, trato de dar información, algo con lo que pueda ayudar”.

Recuerdos se le vienen miles a la cabeza, y hace hincapié en eso. Biguá forma parte de la vida de Sebastián y le cuesta elegir alguno entre tantos. “La verdad que creo que todo mi paso por el club es un gran recuerdo. Aprendí siempre muchas cosas de todos los entrenadores y de las cosas que he vivido en mi club. Vivimos cosas muy lindas y muy duras, La realidad nuestra, de todo nuestro club, es muy humilde. Hubo momentos muy duros cuando la gente por ahí se peleaba o había problemas o diferencias. La verdad es que yo estuve en un grupo muy unido, un grupo muy bueno, con entrenadores que nos ayudaron un montón. Yani Nemer, por nombrar uno importante, fue el que más nos apuntaló en toda nuestra carrera. Con Lo que más me quedo son todos los mensajes, todo lo que me inculco cada entrenador. Yo tengo muy buena relación con Yani, y él me inculcó los valores del rugby, y uno fundamental es siempre ser humilde. Yo era un bocón en la cancha, un rompe pelotas era terriblemente, pero aprendí gracias a ellos a calmarme, a educar, me educaron muy bien y es lo que yo hago ahora con los jugadores, trato de revertir eso”.

La de Sebastián Damiani es una historia más de un pibe, hoy un hombre, que salió desde Las Dalias con el bolso lleno de ilusiones y hoy puede contar todo lo que vivió en el camino. Como él, hay otros que buscarán emprender ese camino hacia una aventura ovalada lejos de su Club. Aunque reniega de hacerlo, deja un mensaje final que lo pinta en carne propia y es la síntesis de la fórmula de su éxito. “Yo voy a dejar un testimonio de lo que viví en carne propia. Yo cuando salió esta posibilidad, la verdad me entrené muy duro, muy fuerte, me entrené sólo y me entrene en momentos muy duros pero no aflojé nunca. Yo tuve ese objetivo y creo que esa meta me dio muchas fuerzas para no aflojar. Entrenarme de noche en cualquier horario, en invierno, a las 11 de la noche iba al gimnasio, me entrenaba con un preparador físico de ahí del gimnasio, tarde, muy tarde. Así que mira, no afloje nunca, hasta económicamente trate de trabajar para pagar el pasaje para venirme para acá. Y esas cosas así, pequeños detalles, tratar de ayudar a mi familia, dar lo mejor en mi club con mi visión, ayudar. Eso es todo lo que te ayuda a llegar a ese objetivo, no solamente lo rugby. Así que bueno, yo me acuerdo que esa experiencia de vida es lo que yo le puedo decir a los chicos: que no aflojen nunca. Que cuando estén bajoneados que aprieten los dientes, se levanten y que salgan. Que salgan, que prueben, que probando seguramente van a crecer mucho. Van a ver cosas y van a haber cosas muy duras, pero uno con una buena educación y teniendo los fundamentos básicos bien encaminados creo que podes salir. Así que yo le digo a todos los chicos que sigan para adelante, que no bajen los brazos nunca, que el rugby en Argentina está creciendo un montón y que eso la verdad que es una base fundamental y que eso los va ayudar el día de mañana seguramente, que con una buena educación, en la escuela, la familia, lo va a ayudar seguramente a no ser un gran jugador, pero si a ser una buena persona. Que después, con el tiempo, va a dar el paso siguiente para ser un gran jugador”.