Martina Rafaniello, con Biguá en la piel

Te propongo un ejercicio. ¿Te acordás que querías hacer a los 13 años? ¿Qué cosas te motivaban?, vamos más allá, ¿Qué cosas te daban tanta seguridad que las elegías casi para toda tu vida? Bueno, imagínate que tenés esa edad y tomas la decisión de dejarte una marca indeleble que te marca, por lo menos, un sentimiento innegociable en tu vida.

Más allá del dolor de cabeza que le ocasionó a su papá, este dato no está del todo chequeado pero se comenta que algo así fue, Martina Rafaniello logró un anhelo que refuerza, a su edad, un sentido de pertenencia que reafirma los valores del Club. La palabra “Familia” y el “Patito” característico de nuestro escudo se entrelazan en un tatuaje que conjuga algo más que un juego de imagen y palabra.

En esencia, Martina es hija directa de esta familia que crece en los sueños de estos chicos que, como muchas veces se ha dicho, son el futuro de la Institución. Pero más allá del lugar común, a esta arquera se le destaca la virtud de ser constante y de trabajar en pos de aprender y mejorar. Se cuchichea, entre bochas y palos, que tiene pasta de primera.

Pero no nos apuremos, porque el camino que hoy recorre es otro. La locura de llevar a Biguá en la piel fue producto de una frustración deportiva que la marcó, tanto para bien cómo para mal. “Marti” llegó a ser parte de la Preselección Sub-14 del Seleccionado de la Asociación Marplatense de Hockey y en el último corte quedó afuera. “El proceso del preseleccionado estuvo muy bueno ya que aprendí cosas nuevas que me ayudan a progresar como jugadora de Biguá e hice amigas cercanas”, destaca de esta experiencia, pero también reconoce que “al principio me sentí muy mal y angustiada pero luego vi que mis colegas habían hecho muy bien y se merecían haber quedado, las felicite y me puse contentas por ellas”.

Pasar la página era necesario, y el tatuaje vino a cicatrizar, justamente, la herida de haber quedo afuera. “Me lo hice porque es algo que me representa y me siento orgullosa de pertenecer a esta familia”, continúa el relato. Y claro, cuando uno está mal, busca refugio en la familia, en este caso, en la sucursal Biguense de la misma. Este idilio se explica desde la génesis del gusto de Rafaniello por el deporte: “desde muy chica empecé a jugar al hockey entonces decidí ir a biguá y sin darme cuenta se transformó en mi segunda familia, y sé que es un lugar donde siempre voy y voy contar con su apoyo”. Además, no duda en mirar al futuro y afirmar que “quiero seguir creciendo como jugadora y el club me brindará el apoyo en todos mis futuros proyectos”.

Otras de las características de Martina Rafaniello es su posición en la cancha. “Las arqueras son especiales” afirman del lado de afuera del sintético. Nuestra protagonista abona la teoría, pero tiene una “culpable” que la empujó debajo de los tres palos: “Lo elegí ya que mi profesora de la Infancia, Lucia Fernández De La Puente (Lulú),  fue de gran inspiración para elegir este puesto tan particular. Es algo que muchos no entienden ya que la mayoría piensa que es solo quedarse paradas o no tener estado físico, y yo demuestro día a día que no es sólo eso, también es compromiso con el equipo,tener la mente siempre fría, y nunca darse por vencido”.

No claudicar, parece ser uno de los lemas de Martina. De una frustración nació el acto de amor de seguir construyendo su historia Biguense, lo reafirmó en su piel, y trabaja día a día para llegar a lo más alto. Defendiendo el arco con sentido de pertenencia.